Han pasado como 12 años desde que usé frenillos por primera vez y durante todo este tiempo viví en negación diciendo que prefería morirme antes que volver a usarlos y verme como una «vieja ridícula». Pero finalmente tuve que dar mi brazo a torcer por una cuestión funcional más que estética. Así que ni modo, ahora me tocará ser fashion blogger ¡frenilluda!

Pero quise tomar el reto con dignidad y usar este año y medio para compartirles mi historia y además para demostrarme a mí misma y a mis colegas «dientes de lata», que como todo, se pueden llevar con estilo y orgullo y que para nada es algo ridículo a como uno se imagina al principio.

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Resulta que tengo una mordida espectacularmente espantosa, en la que mis dientes de arriba nunca (NUNCA) tocan los de abajo. En principio, no es algo tan terrible y casi no se nota. El verdadero problema es cuando trato de comer cosas como apio, hamburguesas, quesillos y demás alimentos que requieren cortar con los dientes de enfrente y no con las muelas.

Usé frenillos en mi adolescencia cuando era lo «cool» y luego de dos años tuve una mordida y una sonrisa perfecta. El problema es que soy una BURRA y dejé de usar los retenedores por un tiempo y cuando me los quise volver a poner… ¡zas! ya no me quedaban. Así que lo dejé ser, pensando que no podía ser tan malo. Pero lo fue.

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Durante todos los años siguientes, comencé a desarrollar una serie de técnicas de supervivencia para comer sin que se notara, pero desde hace más o menos un año las cosas empeoraron rápidamente… al punto que ya estaba empezando a pasar vergüenza en los restaurantes.

Así que ni modo. Tuve que hacerlo más que por la sonrisa, por la libertad de poderme comer una hamburguesa a como Dios manda, sin tener que atipujarme todo el tomate y la lechuga de un solo por no poder cortarlas.

Creo que lo que más me ha sorprendido hasta el momento, es lo poco que recordaba de la primera vez. Los moldes, las bandas alrededor de las muelas… pero sobretodo, LAS MALDITAS LLAGAS de los primeros días. En parte esa es una de las razones por las que no había querido compartir este post antes. Quería que pasara toda esa etapa de ajuste y dolor (sí es doloroso… no insoportable, pero fastidioso).

Pero además me sorprende (muy gratamente) que en solo 4 días pude empezar a ver cambios bastante evidentes en la alineación. Les juro que cuando salí del consultorio me sentía ridícula viendo como el alambre subía y bajaba en forma de «V» alrededor de mis colmillos. Ya por suerte están mucho más nivelados y puedo sonreír como toda una Betty orgullosa jajaja.

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Y bueno, ahora solo me queda retomar la vida de blogger y tratar de compensar con pelo, maquillaje y todo lo demás. ¿No está tan mal verdad? Por favor, a toda la comunidad de adultos frenilludos, les pido apoyo moral; y a los que tienen ganas y aún la están pensando, únanse! ¡¡Hagámoslo COOL otra vez como en secundaria!! 😉

P.D: ¡Muchas gracias a mi ortodoncista, Leslye Haslam, por tenerme paciencia y darme permiso de tomarme selfies durante todo el proceso para poder documentar!

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